La literatura sobre productividad tiene un defecto propio: promete devolver tiempo y consume el que uno tiene leyéndola. Después del tercer sistema probado en un año, el problema deja de ser la falta de método y pasa a ser el exceso.
Esta selección prefiere los libros que explican un mecanismo — cómo se forma un hábito, por qué la atención se fragmenta, qué ocurre al aplazar una tarea — antes que los que venden un sistema completo. Un mecanismo entendido sobrevive a un cambio de trabajo; un sistema copiado, no.
Lea uno, aplíquelo un mes entero, y solo entonces abra el siguiente. Leerlos seguidos produce la sensación de avanzar sin que nada cambie en la agenda.